SOCIEDAD

A 13 años de su muerte, Winner, el oso polar que no sobrevivió al calor porteño, sigue abriendo jaulas desde la memoria

En el Día del Animal, el caso de Winner sigue conmoviendo a la sociedad argentina. El último oso polar del zoológico porteño murió en la Navidad de 2012 por estrés térmico, en medio de una de las olas de calor más intensas en la historia de la Ciudad. Su historia marcó un antes y un después en la relación de los porteños con los animales en cautiverio.

Este 29 de abril, Día del Animal en la Argentina, la memoria de Winner, el último oso polar que vivió en el histórico zoológico de la Ciudad de Buenos Aires, resurge como emblema de una transformación profunda: el cambio de mirada social sobre el sufrimiento animal y el cautiverio en espacios urbanos. Su muerte, ocurrida en la madrugada del 25 de diciembre de 2012, fue el detonante de una movilización popular que exigió el cierre del zoo porteño y la reubicación de sus animales. A trece años de aquel trágico final, su historia sigue encendiendo conciencias.

La Navidad de 2012 había llegado con temperaturas sofocantes. La Ciudad, sacudida por una ola de calor histórica que alcanzó una sensación térmica de 50,6°C, se iluminaba con fuegos artificiales. En ese contexto, Winner agonizaba en su recinto artificial, atrapado entre el ruido de la pirotecnia y la falta de condiciones adecuadas para un animal adaptado al silencio helado del Ártico. Poco después de la medianoche, su corazón colapsó. Tenía apenas 16 años.

En ese entonces, Miguel Rivolta, director de Bienestar Animal del zoológico, explicó que el animal no estaba adaptado a vivir sobre el hielo y responsabilizó al calor extremo: “No es un oso polar que esté acostumbrado a vivir sobre el hielo y en bajas temperaturas”. Sin embargo, del otro lado de la reja, activistas y vecinos se reunieron de inmediato frente al predio para manifestarse con indignación. Ese reclamo ciudadano, espontáneo y multitudinario, marcó un hito en la historia del proteccionismo local.

En las semanas siguientes, la agrupación SinZoo convocó a un abrazo simbólico al zoológico que reunió a más de 2.500 personas. La demanda era clara: cerrar el predio y trasladar a los animales a santuarios o reservas donde pudieran vivir libres de explotación. Cuatro años después, en 2016, el gobierno porteño encabezado por Horacio Rodríguez Larreta oficializó el cierre del zoológico y anunció su reconversión en Ecoparque Interactivo, destinado a la conservación y rehabilitación animal.

Winner había nacido en 1996 en el Zoológico Nacional de Santiago de Chile como parte de un programa de reproducción en cautiverio. Fue trasladado a Buenos Aires siendo aún muy joven, y pasó toda su vida en un recinto inaugurado en 1993 especialmente para osos polares, con una pileta de 145.000 litros y zonas interiores. Sin embargo, nada de eso fue suficiente. Ni la infraestructura ni el discurso técnico pudieron evitar que el encierro, el clima tropical y el ruido incesante quebraran su resistencia.

A pesar de haber nacido en cautiverio, su naturaleza no había sido domesticada. Como especie, los osos polares necesitan grandes extensiones, frío, silencio. En cambio, Winner estuvo confinado, expuesto a miles de miradas diarias y a condiciones completamente antinaturales. Fue el único de su especie en el país, y el último en ser exhibido en la Ciudad.

Tras su muerte, las dudas sobre las verdaderas causas no tardaron en multiplicarse. La Fundación Zoológico de Buenos Aires argumentó que se trató de “una combinación de factores”, pero los activistas señalaron que el estrés, la falta de refrigeración y el encierro eran evidencias de un maltrato sistemático. Así, su historia se convirtió en símbolo de crueldad y, paradójicamente, en punto de partida para nuevos estándares en la relación entre humanos y animales.

En este Día del Animal, también se recuerda a Ignacio Albarracín, considerado el padre del proteccionismo en Argentina. Albarracín falleció un 29 de abril de 1926, y en su honor se conmemora esta fecha desde 1908. Abogado, activista y discípulo cercano de Domingo Faustino Sarmiento, fundó la Sociedad Argentina Protectora de los Animales (SAPA) en 1879 y fue el principal impulsor de la Ley 2.786, sancionada en 1891, que prohibió el maltrato y los actos de crueldad contra los animales en todo el país.

A fines del siglo XIX, Albarracín ya condenaba públicamente prácticas como las riñas de gallos y las corridas de toros, denunciando que los animales, aunque considerados inferiores por muchos, merecían protección legal. Con el respaldo político de figuras como Sarmiento y Bartolomé Mitre, su trabajo sembró las bases del derecho animal moderno. Su vida fue un llamado ético que aún resuena, especialmente en fechas como esta.

Hoy, en el territorio porteño, algunas de las secuelas de esa transformación todavía están a la vista. Aunque el Ecoparque continúa funcionando con un enfoque centrado en la conservación, persisten las críticas sobre la lentitud en el traslado de especies. Algunas, como las elefantas Mara y Pupy, lograron llegar a santuarios en Brasil. Otras, como Kuky, murieron esperando una segunda oportunidad.

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