En el marco de la agenda de Cultura de Verano en Buenos Aires, la Usina del Arte será escenario de una experiencia que buscará desdibujar los límites tradicionales entre escenario y platea. CREMA PARTY KIDS se realizará el domingo 22 de febrero, entre las 17 y las 21, con entrada libre y gratuita y capacidad limitada, y transformará el emblemático espacio cultural del sur porteño en una gran celebración participativa donde la música electrónica, la pintura y el movimiento se fusionarán en una obra colectiva en constante construcción.
La propuesta, impulsada por Mauro Crema, apostará a romper la barrera entre artista y público. Lejos de la lógica del espectáculo contemplativo, la jornada invitará a los asistentes —niños, niñas, madres, padres y abuelos— a asumir un rol protagónico en el proceso creativo. La consigna será clara desde el inicio: el arte no se mirará, se hará; no se consumirá, se compartirá.
Desde temprano, el edificio de ladrillo a la vista comenzará a recibir a familias dispuestas a experimentar una fiesta diferente. En distintos sectores del espacio, las cabinas de DJ marcarán el pulso de la tarde con sets especialmente pensados para un público intergeneracional. Las bases electrónicas, lejos de la estridencia nocturna, se integrarán con melodías lúdicas y ritmos envolventes que convocarán al baile colectivo. Niños y adultos ocuparán la pista sin jerarquías ni distancias, en una escena donde el disfrute será transversal.
Pero la música será apenas uno de los ejes de la experiencia. CREMA PARTY KIDS pondrá el foco en la creatividad como impulso vital y en el arte como acción compartida. A lo largo de la jornada se desplegarán instancias de intervención plástica en las que cada participante podrá dejar su huella. Grandes superficies blancas se transformarán progresivamente en murales vibrantes, atravesados por colores intensos, trazos espontáneos y formas nacidas del juego. La pintura se convertirá así en un lenguaje común que reunirá generaciones y sensibilidades diversas.
El movimiento corporal también ocupará un lugar central. Coordinadores y artistas guiarán dinámicas que integrarán danza libre y consignas colectivas, generando momentos de sincronía grupal que potenciarán el sentido de comunidad. La experiencia inmersiva se construirá a partir de la interacción permanente entre sonido, color y cuerpo, en un clima de libertad expresiva que alentará a cada asistente a explorar su propia creatividad sin temor al error.
La dimensión familiar de la propuesta será uno de los rasgos más destacados. Pensada como una fiesta electrónica para todas las edades, la actividad permitirá que adultos y chicos compartan un mismo territorio cultural desde el juego y el ritmo. En lugar de segmentar públicos, CREMA PARTY KIDS promoverá el encuentro intergeneracional como valor en sí mismo. Padres que habitualmente acompañan desde la periferia se sumarán al centro de la pista; niños que suelen observar talleres dirigidos por adultos tomarán decisiones artísticas propias y colectivas.
La elección de la Usina del Arte como sede no será casual. El edificio, uno de los espacios culturales más emblemáticos de la ciudad, ofrecerá el marco ideal para una experiencia que buscará ampliar la noción de participación. Sus amplias salas y su identidad vinculada a la producción artística contemporánea potenciarán el carácter experimental de la jornada. Durante cuatro horas, el lugar dejará de ser solo un contenedor de espectáculos para convertirse en una plataforma de creación compartida.
En un contexto donde las propuestas culturales para la infancia suelen oscilar entre lo didáctico y lo meramente recreativo, CREMA PARTY KIDS planteará una tercera vía: la del arte como experiencia viva y colectiva. No habrá espectadores pasivos ni artistas inalcanzables. Cada gesto, cada trazo y cada paso de baile formarán parte de una obra común que se construirá en tiempo real.
La tarde cerrará con una pista colmada y murales que evidenciarán el paso de cientos de manos. Más que un evento puntual, la iniciativa buscará activar una forma distinta de habitar el espacio cultural: una donde la creatividad circule libremente y donde la música electrónica se convierta en puente para el encuentro. Así, Cultura de Verano sumará una propuesta que reafirmará el valor de la participación y el poder transformador del arte compartido.