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Una huerta que también cultiva salud mental en el Hospital Alvear

En el Hospital de Emergencias Psiquiátricas Torcuato de Alvear, ubicado en la Comuna 15 de la Ciudad de Buenos Aires, una huerta agroecológica se convirtió en mucho más que un espacio destinado a cultivar plantas. Entre canteros, aromáticas, semillas y herramientas de jardinería se desarrolla una propuesta que busca fortalecer los vínculos, promover la participación y sumar nuevas dimensiones al cuidado de la salud mental.

La iniciativa nació a partir de una necesidad identificada por profesionales del propio hospital: generar un espacio grupal donde las personas pudieran asumir un rol activo, elegir qué hacer, compartir experiencias y encontrarse con otros en un ámbito diferente al de la atención clínica tradicional. La respuesta fue la creación de una huerta como lugar de participación, encuentro y cuidado, desarrollada al aire libre y en contacto directo con la naturaleza.

El proyecto se concretó a través de un proyecto UBANEX, mediante la articulación con la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA). La experiencia cuenta con la dirección de Haydée Steinbach, ingeniera agrónoma y directora de la Tecnicatura Universitaria en Jardinería de la FAUBA, quien destaca que la propuesta no pretende sustituir los tratamientos clínicos, sino incorporar una dimensión complementaria al abordaje de la salud mental.

La huerta propone, en ese sentido, modificar por un momento los roles habituales. Quienes participan dejan de estar definidos exclusivamente por su condición de pacientes y pasan a convertirse en protagonistas de una actividad compartida. Pueden sembrar, trasplantar, regar, cosechar, observar, conversar o simplemente acompañar. No es necesario tener conocimientos previos ni experiencia en jardinería: la participación es voluntaria y cada persona decide de qué manera quiere involucrarse.

Ese carácter abierto es uno de los aspectos centrales de la iniciativa. No existen tareas obligatorias ni una única forma de participar. Alguien puede trabajar en un cantero mientras otra persona observa o conversa, y ambas formas de presencia son consideradas parte de la experiencia. También se valoran los conocimientos que cada participante puede aportar, independientemente de su formación o trayectoria.

La cosecha, además, se transforma en una instancia colectiva. Los productos obtenidos se comparten entre quienes forman parte de las jornadas, mientras que algunas de las plantas aromáticas cultivadas son utilizadas para preparar la infusión que acompaña el cierre de cada encuentro. Así, el proceso iniciado con una semilla culmina también en un momento de intercambio y conversación.

Los antecedentes de esta propuesta se remontan a 2015, cuando comenzó un proyecto de extensión universitaria bajo la dirección del ingeniero Ernesto Giardina. Desde mediados de 2025, la iniciativa se articula además con una Práctica Social Educativa de la Facultad de Agronomía, ampliando la participación de estudiantes universitarios y fortaleciendo el vínculo entre la formación académica y las necesidades concretas de las instituciones públicas.

La experiencia permite observar que los beneficios de una huerta en un ámbito de salud mental no se limitan al contacto con la naturaleza. Las actividades propias de la jardinería implican movimiento, coordinación, utilización de los sentidos y atención sobre procesos que se desarrollan de manera gradual. Preparar la tierra, sembrar, observar el crecimiento de una planta, regar o recoger una cosecha son acciones sencillas, pero capaces de generar espacios de concentración, intercambio y satisfacción por una tarea realizada en conjunto.

En ese marco, el trabajo con la tierra puede contribuir a disminuir situaciones de estrés, mejorar el estado de ánimo y favorecer la construcción de vínculos. La huerta propone un ritmo diferente, alejado de la urgencia y asociado con los tiempos propios de los procesos naturales. Esperar que una semilla germine o que una planta crezca implica aceptar que determinados resultados requieren tiempo, cuidado y continuidad.

Al mismo tiempo, el proyecto tiene una dimensión educativa. La huerta funciona como un espacio de aprendizaje para estudiantes de distintas carreras de la Universidad de Buenos Aires, quienes pueden acercarse a contenidos vinculados con la producción agroecológica, el compostaje, la biodiversidad, la comunicación y la planificación. También se trabaja en el reconocimiento de las especies que forman parte del parque y del arbolado del Hospital Alvear.

De esta manera, el proyecto establece un intercambio en múltiples sentidos. Los estudiantes aportan conocimientos específicos, mientras que las personas que participan de la huerta también ponen en juego sus propios saberes, experiencias y formas de relacionarse con las plantas y la naturaleza. El conocimiento deja de circular únicamente dentro del ámbito universitario y adquiere una dimensión práctica y comunitaria.

Pero la experiencia también plantea un desafío cultural más amplio: revisar las representaciones y prejuicios que históricamente rodearon a los hospitales de salud mental. El contacto cotidiano con una actividad productiva y creativa permite mirar a las personas más allá de un diagnóstico y reconocer capacidades, intereses y conocimientos que muchas veces quedan invisibilizados cuando alguien es definido exclusivamente desde su condición de paciente.

La huerta contribuye así a transformar la mirada sobre el propio hospital. En sus espacios no solamente tienen lugar tratamientos y prácticas vinculadas con la atención de emergencias psiquiátricas. También puede haber naturaleza, aprendizaje, creatividad, intercambio y producción colectiva. El entorno se convierte en parte de una experiencia que busca ampliar las posibilidades de participación y bienestar.

La propuesta adquiere además un significado particular en un contexto en el que el papel de la universidad pública y su vínculo con la sociedad son motivo de debate. La experiencia del Hospital Alvear muestra una de las formas concretas en las que la educación superior puede vincular sus conocimientos y capacidades con necesidades existentes fuera de sus aulas.

En este caso, la articulación entre la Facultad de Agronomía y una institución pública de salud mental permite desarrollar una experiencia que combina formación, extensión y compromiso social. Los estudiantes incorporan conocimientos en un escenario real, los profesionales del hospital encuentran una herramienta complementaria para sus objetivos y los participantes acceden a un espacio de encuentro y actividad.

La huerta del Hospital Alvear representa, de esta manera, una experiencia que va más allá de la producción de alimentos o plantas. Es un proyecto que pone en diálogo salud mental, educación, naturaleza y participación comunitaria. También demuestra que pequeñas acciones sostenidas pueden generar nuevas oportunidades de encuentro y contribuir a construir instituciones más abiertas e inclusivas.

En cada jornada, sembrar, regar o cosechar adquiere entonces un sentido que excede la tarea concreta. Se trata de recuperar el valor de hacer junto a otros, de compartir conocimientos, de respetar diferentes formas de participación y de construir colectivamente un espacio de cuidado. Una huerta puede producir verduras y aromáticas, pero en el Hospital Alvear también cultiva vínculos, aprendizajes y nuevas maneras de mirar la salud mental.

Quienes deseen sumarse pueden hacerlo como estudiantes a través de la Práctica Social Educativa de la UBA o participar como voluntarios externos. Enviar un email a huerta_alvear@agro.uba.ar

 

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