En el corazón del barrio de Floresta, una casona de impronta italiana volvió a abrir sus puertas para convertirse, una vez más, en un refugio donde el arte respira, se recuerda y se transmite. Allí, donde el escultor Antonio Pujía construyó buena parte de su legado, el espacio cultural Simple El Atelier fue escenario de una experiencia que excedió la contemplación estética: fue una inmersión en la memoria viva de un artista y su universo creativo.
La inauguración convocó a periodistas, artistas y referentes culturales en un encuentro que combinó arte, gastronomía y relato. Sin embargo, el verdadero eje de la jornada no estuvo únicamente en las obras exhibidas, sino en las voces que las rodearon. Cada sala funcionó como una cápsula de tiempo donde los recuerdos se activaron a través de testimonios íntimos, capaces de reconstruir no solo la trayectoria de Pujía, sino también su dimensión más humana.
El taller, lejos de presentarse como un espacio museificado, se reveló como un territorio habitado. Las esculturas no fueron piezas estáticas sino huellas de un proceso creativo que aún parece latir entre paredes cargadas de historia. Allí, el pasado no se exhibe: se experimenta.
Uno de los momentos más conmovedores de la jornada estuvo marcado por la palabra de Sandro Pujía, hijo del escultor, quien compartió con emoción la intimidad de su padre. Su relato permitió vislumbrar la disciplina y la devoción con la que el artista se entregaba a su oficio, trabajando incansablemente y encontrando en ese taller no solo un lugar de producción, sino un verdadero espacio de vida.
“Es un acto de continuidad”, expresó, sintetizando el espíritu del evento. Y es que la reapertura del taller no implica solo la conservación de un patrimonio material, sino la reactivación de una memoria que se proyecta hacia nuevas generaciones.
A su lado, el escultor Pablo Queijas, último discípulo de Pujía, aportó una mirada complementaria, centrada en la transmisión del conocimiento. Sus palabras reconstruyeron la figura del maestro desde el hacer cotidiano: las correcciones, los gestos, la exigencia y la sensibilidad que definían su método. Más que enseñar técnicas, Pujía transmitía una forma de mirar el mundo, donde la materia y la vida se entrelazaban.
En ese sentido, el encuentro también permitió comprender la vigencia de su obra en otros ámbitos. Un ejemplo emblemático fue su colaboración con Bodega Trapiche, para la cual diseñó la reconocida medalla de su línea Malbec Trapiche Medalla, una pieza que traduce en bronce los valores de excelencia y tradición.
La recuperación del espacio, hoy reconvertido en salas de exhibición, talleres y ámbito para eventos culturales y sociales, representa un nuevo capítulo para el legado de Pujía. La casa no solo fue restaurada en términos arquitectónicos, sino resignificada como punto de encuentro entre pasado y presente.
Durante la velada, la emoción fue una constante. Cada intervención, cada anécdota y cada obra contribuyeron a construir un relato colectivo donde el artista dejó de ser una figura distante para convertirse en una presencia cercana, tangible. El taller volvió a latir, no como un homenaje estático, sino como un organismo vivo que se alimenta de quienes lo recorren.
Hoy, ese rincón de Floresta se consolida como un espacio donde el arte no solo se observa, sino que se escucha y se siente. Un lugar donde la memoria no queda fijada en el tiempo, sino que se reactualiza en cada visita, en cada historia compartida.
Con visitas abiertas a la comunidad y una propuesta que integra cultura, historia y experiencia sensorial, Simple El Atelier reafirma que el arte más profundo no es solo el que se crea, sino el que se transmite. Porque cuando las voces que lo vivieron toman la palabra, el legado deja de ser recuerdo y se convierte en presente.
Visitas abiertas a la comunidad:
Martes y jueves de 18 a 20 h (entrada gratuita)
Dirección:
Chivilcoy 452, Floresta (CABA)
Más información espaciosimple.eventos@gmail.com