La Usina del Arte se convirtió en el epicentro cultural de Buenos Aires el pasado viernes 6 de febrero, cuando una combinación de música en vivo y cine al aire libre ofreció a los porteños una experiencia única dentro de la agenda de Cultura de Verano. Desde temprano, el emblemático espacio abrió sus puertas para recibir a cientos de personas que se acercaron atraídas por la propuesta de disfrutar de una noche distinta, donde la narrativa urbana, la música y la proyección cinematográfica se entrelazaron en un evento sin precedentes.
La jornada comenzó puntualmente a las 20.30 horas con un minirecital de El Conjuro de las Cumbias Tristes, banda reconocida por su estilo que mezcla la cumbia con un enfoque profundamente cinematográfico. La agrupación, responsable de la música original de la película Gatillero, presentó un repertorio que incluyó composiciones de ese filme, así como de otros trabajos cinematográficos como L’addio y Habi, la extranjera, todas ellas estrenadas en distintas ediciones del BAFICI. Los asistentes pudieron sumergirse en los paisajes sonoros creados por la banda, donde los ritmos de cumbia se combinaron con tensiones y matices que potenciaban el pulso narrativo de la noche, generando una atmósfera que anticipaba la proyección cinematográfica que seguiría.
A las 21 horas, y presentada por su director Cristian Tapia Marchiori, se llevó a cabo la función al aire libre de Gatillero, un thriller urbano que narró la historia de El Galgo, un exsicario recién salido de prisión que acepta, a regañadientes, un encargo menor: disparar contra un comercio para enviar un mensaje mafioso. Sin embargo, lo que parecía una tarea sencilla pronto se convirtió en una pesadilla de caos, traición y supervivencia. Inspirada en hechos y personajes reales, la película ofreció un relato de redención y violencia que atrapó al público desde el primer minuto, presentado en tiempo real y en plano secuencia, lo que permitió a los espectadores vivir una experiencia cinematográfica inmersiva, sin pausas ni cortes, en el corazón más oscuro de Buenos Aires. La proyección al aire libre, realizada bajo el cielo estrellado de Isla Maciel, se complementó con los sonidos y la energía que había dejado el recital previo, logrando que la música y la imagen se fusionaran de manera armónica.
Además, durante toda la tarde y la noche, entre las 18 y las 23 horas, el Patio Gastronómico se mantuvo abierto, ofreciendo un espacio donde los visitantes pudieron disfrutar de luces tenues, charlas compartidas y una variada propuesta culinaria. Este sector se transformó en un punto de encuentro para quienes deseaban prolongar la experiencia cultural, combinando la degustación de platos y bebidas con la atmósfera artística que se vivía en cada rincón de la Usina del Arte. La presencia de la gastronomía como parte del arte permitió que la noche trascendiera la pantalla y el escenario, generando una vivencia sensorial completa que invitó a disfrutar con todos los sentidos.
El evento, que formó parte de la programación gratuita de Cultura de Verano, demostró una vez más la capacidad de la Usina del Arte para unir distintas disciplinas en un mismo espacio, consolidándose como un referente de la cultura porteña durante los meses de verano. La propuesta integró música, cine y gastronomía, pero también logró crear un escenario donde la ciudad, sus historias y su gente se convirtieron en protagonistas de una noche que quedó en la memoria de quienes asistieron.
A pesar de la incertidumbre que suele acompañar a las actividades al aire libre, la jornada se desarrolló sin contratiempos, y en caso de lluvia, la programación contaba con alternativas de reprogramación que aseguraban que nadie se perdiera la experiencia. Así, la Usina del Arte confirmó su compromiso de ofrecer eventos de calidad, accesibles y capaces de conectar a la comunidad con el arte en todas sus formas.
La combinación de El Conjuro de las Cumbias Tristes, la proyección de Gatillero y el ambiente del Patio Gastronómico permitió que la noche se convirtiera en un ejemplo de cómo la música y el cine pueden dialogar entre sí para generar nuevas formas de narrar, sentir y vivir la ciudad. La respuesta del público fue entusiasta, y muchos destacaron la sensación de inmersión y el disfrute compartido que ofreció la velada. Sin dudas, la jornada quedará registrada como uno de los momentos más destacados de la programación de Cultura de Verano de la Usina del Arte, consolidando el espacio como un lugar de encuentro donde la cultura se vive al máximo, bajo el cielo abierto de Buenos Aires.