La iniciativa alcanzará a unos 37.000 estudiantes del territorio porteño, que se incorporarán al nuevo formato académico diseñado por el Ministerio de Educación. Las 33 escuelas pioneras comenzaron el proceso este año y ya comparten sus primeras experiencias.
En 2026, un total de 90 escuelas de Buenos Aires iniciarán la implementación de Secundaria Aprende, la reforma educativa impulsada por el Ministerio de Educación del territorio porteño que busca reorganizar el nivel medio y fortalecer los aprendizajes. De este modo, la propuesta alcanzará a cerca de 37.000 estudiantes que se sumarán a los 15.000 alumnos de las 33 instituciones pioneras que comenzaron a transitar el cambio en marzo de este año.
Según informó la cartera educativa, los rectores de las escuelas que ingresan a la reforma ya participan de encuentros formativos para diseñar sus propias hojas de ruta dentro del marco pedagógico acordado. Además, remarcaron que todas las instituciones se incorporaron de manera voluntaria. El objetivo oficial es que para 2027 se encuentren involucradas las 170 secundarias estatales de CABA.
El diseño general de Secundaria Aprende se sostiene sobre cuatro principios: integración de aprendizajes, desarrollo de capacidades, avance continuo y autonomía estudiantil. En este sentido, los lineamientos reorganizan el régimen académico sin modificar el Estatuto del Docente ni los contenidos curriculares de la “Nueva Escuela Secundaria”, vigente desde 2015. Por su parte, el Ministerio subrayó que cada institución debe adaptar estos criterios a su propia realidad, garantizando un proceso progresivo y acompañado.
Uno de los pilares es la creación de espacios interdisciplinarios que articulan materias afines. Así conviven las asignaturas troncales; Lengua y Literatura, Matemática e Inglés, con talleres ligados a Tecnología y Educación Artística y con laboratorios donde se integran disciplinas como Historia, Geografía y Formación Ética y Ciudadana. Este formato habilita esquemas más flexibles, agrupamientos alternativos y recorridos diferenciados para los estudiantes. A su vez, los boletines mantienen la lista habitual de materias, aunque la evaluación se adapta a este nuevo modo de trabajo. Tal como establece el documento oficial, “la escala de notas cambió: del 1 al 5 (es decir, los desaprobados) ahora se denominan ‘en proceso’, y los aprobados se califican del 6 al 10”.
Ese criterio se vincula directamente con el avance continuo, otro de los conceptos centrales. En Buenos Aires dejaron de existir la repitencia anual y las materias previas. Las escuelas deben ofrecer formatos de apoyo para que los estudiantes profundicen los contenidos pendientes mediante planes de aprendizaje bimestrales. En esa dinámica cobra especial importancia el “profesor acompañante de trayectorias” (PAT), a cargo de seguir de cerca a un grupo de alumnos, guiarlos y sostener su recorrido. Los planes incluyen cuatro etapas –“punto de partida, investigación, producción y relación”–, propuestas tomadas del modelo desarrollado por el educador colombiano Julio Fontán.
Otro eje delicado es la organización docente. El Ministerio destacó la necesidad de avanzar con el régimen de profesores por cargo, aprobado en 2008 e incorporado de forma gradual desde 2014. El objetivo es que los docentes concentren su trabajo en una sola institución y dispongan de horas institucionales para planificar, reunirse y fortalecer el trabajo colaborativo. La transición implica reestructurar equipos: en algunos colegios, por ejemplo, de 150 docentes quedaron 80, mientras que el resto debió tomar horas en otras escuelas o asumir nuevas funciones.
Los directivos de las instituciones pioneras mencionaron que esta reorganización fue uno de los desafíos más complejos. Algunas escuelas ya contaban con planteles estables, mientras que otras debieron adaptarse por completo. Las autoridades explicaron que la reorganización se llevó adelante mediante una resolución del Ministerio ajustada al Estatuto del Docente, con participación gremial. Según detalló Oscar Ghillione, antes de la reforma solo el 9% de los docentes de las escuelas pioneras era de tiempo completo; hoy ese porcentaje asciende al 55%, y apenas el 4% continúa nombrado por horas cátedra.
La ministra Mercedes Miguel remarcó la importancia de este cambio estructural y afirmó: “Si no modificábamos la organización de la escuela y la concentración de los cargos docentes, nada de lo que proponíamos iba a ser posible”. También reconoció que el proceso exige una transformación profunda en la tarea cotidiana: “Los profesores tienen que cambiar la piel. Sabemos que les estamos pidiendo algo muy nuevo”.
El bienestar socioemocional de los estudiantes constituye otro foco del plan Buenos Aires Aprende. Miguel señaló que en los últimos años las demandas de los centros de estudiantes cambiaron de eje: “Antes los centros de estudiantes nos pedían por las viandas o por el transporte. Hoy el tema que más les preocupa es la salud mental”. Según Inés Cruzalegui, las escuelas que integran Secundaria Aprende reciben un acompañamiento permanente mediante equipos territoriales del Ministerio, con reuniones semanales y espacios de intercambio que continuarán ampliándose en 2026. Además, se organizaron dos ateneos de buenas prácticas para compartir experiencias y dificultades.
Los primeros relevamientos oficiales muestran una valoración positiva de la reforma. Basados en grupos focales y cuestionarios administrados en mayo, los resultados indican que el 90% de los directivos considera que Secundaria Aprende “contribuye a mejorar los aprendizajes en Lengua y Matemática, fortalece el trabajo colaborativo y favorece trayectorias más sólidas y autónomas para los estudiantes”. Asimismo, el 80% cree que “mejora el clima escolar y el bienestar socioemocional de los docentes”. Entre los profesores, el 76% destacó el trabajo colaborativo y el 68% percibió mejoras en los aprendizajes. Por su parte, el 61% de los estudiantes señaló que mejoró el clima escolar y el 60% valoró la posibilidad de compartir espacios con compañeros de otros cursos.
Los directivos también reclamaron más tiempo y mayor autonomía para seguir avanzando, dado que el primer grupo inició su preparación en septiembre del año pasado y debió trabajar intensamente hasta fines de diciembre. A diferencia de ese proceso acelerado, las 90 escuelas que ingresan en 2026 comenzaron su preparación en mayo.
Mercedes Miguel resumió el espíritu del proceso al asegurar: “Estamos aprendiendo con las escuelas a medida que vamos transitando este camino”. En esa línea, destacó la red de trabajo que se gestó entre los rectores de las instituciones pioneras y reafirmó que el desafío central será sostener la escucha, la cercanía y el acompañamiento a medida que la reforma se expanda por toda la secundaria porteña.