SOCIEDAD

La historia del guardián del jardín secreto verde de Belgrano

Desde hace nueve años, Javier Suárez es el guardián del jardín hispanoislámico del Museo de Arte Español Enrique Larreta en Belgrano, un oasis urbano de biodiversidad y calma. “Vivo oculto en un paraíso”, confiesa.

Con su boina y lentes redondos, Javier Suárez emerge entre los arbustos y plantas del jardín hispanoislámico del Museo de Arte Español Enrique Larreta, ubicado en Juramento 2291, en pleno corazón de Belgrano. Desde hace nueve años, Suárez se encarga de cuidar este oasis urbano, y desde 2022 ostenta el título de jardinero mayor. «Vivo oculto en un paraíso», confiesa, reflejando su estrecha conexión con la naturaleza que lo rodea.

Suárez comenzó su labor en el museo en 2015 como asistente de Antonio Sturla, el histórico jardinero del lugar. Tras la jubilación de Sturla, Suárez asumió el desafío de mantener y mejorar este espacio único, que alberga 108 árboles, 88 géneros diferentes de herbáceas, una cantidad similar de arbustos y seis tipos de palmeras. “Los jardines de este estilo se conforman por cuadrículas geométricas que enmarcan un pedazo de selva virgen”, explica Suárez, subrayando el equilibrio necesario entre lo natural y lo intervenido por el hombre.

Inspirado en los jardines árabes del sur de España, el jardín del Museo Larreta se distingue por su frondosidad, biodiversidad y modestia. Entre sus características más notables se encuentran los estrechos laberintos contorneados por setos de boj, que permiten un contacto íntimo entre la planta y el visitante, y su carácter intramuros, reservando su disfrute para quienes lo descubren. “Aquello que lo vuelve único a este jardín es el gusto por la soledad”, afirma Suárez.

Mientras camina por los angostos caminos del jardín, Suárez parece encontrar una conexión profunda con cada rincón del lugar. “La mejor estación del jardín es la primavera, pero también el invierno, el otoño y el verano porque en cada estación hay una flor distinta y renace nuestra esperanza”, reflexiona, evidenciando su aprecio por la belleza cambiante del espacio.

Originario de General Campos, Entre Ríos, Suárez creció en un entorno de intensa conexión con la naturaleza. Estudió en una escuela agrotécnica en Colonia La Perla y, a los 15 años, se trasladó a Buenos Aires para continuar su formación en la Escuela Técnica de Jardinería Cristóbal María Hicken. “Desde chico ya pensaba que este iba a ser mi trabajo”, recuerda Suárez.

A sus 28 años, lidera un equipo compuesto por Hernán Rodríguez y Matías Gianandrea, quienes trabajan juntos para mantener la armonía del jardín. “Seguimos manteniendo ese espíritu de un jardín que es medieval”, remarca Suárez, comparando su labor con la de un director de orquesta, atento a cada detalle para asegurar que todo funcione en perfecta sinfonía.

Más allá de las tareas diarias de desmalezar, podar y limpiar, Suárez encuentra en su trabajo un aspecto poético y luminoso. Disfruta de los días en que el jardín está cerrado al público, permitiéndose contemplar y fotografiar la flora y la fauna del lugar. “La jardinería para mí lo es todo”, declara con pasión.

Suárez también comparte su amor por el jardín con los visitantes del museo a través de visitas guiadas mensuales. “Desde el punto de vista legal, no es un jardín histórico, pero lo tratamos como tal”, señala, enfatizando la importancia de preservar y transmitir la historia y el espíritu del lugar.

El jardín hispanoislámico del Museo Larreta nació del sueño del escritor y diplomático Enrique Larreta y su esposa Josefina, quienes, tras un viaje a Granada a principios del siglo XX, decidieron replicar un trozo de los jardines que los habían fascinado. Suárez, como jardinero mayor, tiene la misión de mantener este legado vivo y accesible para el público. “Es uno de los mayores exponentes y el más visitado de la Argentina”, destaca, subrayando la relevancia del jardín en el contexto cultural y turístico del país.

A solo dos cuadras de la bulliciosa intersección de las avenidas Cabildo y Juramento, el jardín del Museo Larreta ofrece un refugio de paz y belleza. “Veo el caos que hay afuera, la cantidad de gente, de autos, el ruido y digo pucha, salí, hice media cuadra y recién estaba dentro de un jardín enorme y nadie sabe a veces que hay acá un jardín enorme”, relata Suárez, subrayando la singularidad de este oasis urbano.

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