Un regreso lleno de nostalgia y encanto se vive en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con la reapertura de las icónicas calesitas. Tras meses de cierre debido a las restricciones por la pandemia de Covid 19, las 55 calesitas diseminadas en las 15 comunas vuelven a girar para el disfrute de grandes y pequeños.
Estos coloridos carruseles son un vívido recordatorio de la infancia para muchas generaciones y, a pesar del paso del tiempo, siguen deleitando a todos con su danza circular en los parques porteños. Desde la histórica «calesita de Tito» con más de 80 años, hasta las más recientes, estas estructuras emblemáticas se mantienen firmes en su función de brindar alegría.
Representando una tradición familiar profundamente arraigada, las calesitas y carruseles se convierten en verdaderos monumentos vivientes. Esta tercera generación de la Semana CCA, organizada por el gobierno porteño a través del Ministerio de Desarrollo Económico y Producción, trabaja en conjunto con los comerciantes para transformar estos espacios en enclaves más atractivos y fortalecer la relación entre los vecinos y los negocios locales.
Esta iniciativa no solo busca preservar la riqueza cultural de la Ciudad, sino también fomentar el consumo local y apoyar el crecimiento económico del sector. Los barrios con más unidades de calesitas, como Saavedra y Palermo, ofrecen una variedad de experiencias para los vecinos, quienes ahora tienen la oportunidad de disfrutarlas en compañía de nuevas generaciones.
Las calesitas no solo son lugares de entretenimiento, sino que también representan la confluencia de la tradición y la modernidad. Con regulaciones implementadas a partir de 2015, estas estructuras están protegidas y deben cumplir con normas de seguridad y características técnicas específicas. Además, se enfatiza la importancia de preservar su valor histórico y cultural.
Carlos Pometti, secretario de la Asociación Argentina de Calesiteros y Afines, destaca cómo la cooperación entre su asociación y el gobierno porteño ha protegido este patrimonio. Mediante acciones como la remodelación de la calesita del Parque General Paz y la colaboración con el Museo Saavedra, se promueve la preservación y renovación de estas joyas culturales.
Aunque las calesitas pueden variar en estilo y diseño a lo largo de la Ciudad, su esencia perdura: el oficio de los calesiteros, que en su mayoría eran hombres, es ahora abrazado también por mujeres. Estos encargados de la diversión han dejado una huella en la infancia de muchos porteños, convirtiéndose en parte fundamental del tejido cultural y social de la Ciudad.
El regreso de las calesitas se celebra como un tributo a la imaginación y la interacción social. A pesar de los avances tecnológicos, estos encantadores paseos mantienen su vigencia gracias a la magia de la infancia. Historias y memorias de padres y abuelos se mezclan con las risas de los niños, creando un puente intergeneracional que conecta el pasado con el presente.
La reapertura de estas calesitas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es un tributo a la infancia, la tradición y la cultura, uniendo generaciones y ofreciendo un pedacito de magia en los espacios abiertos de la metrópolis. Con su rica historia y su poder para avivar la imaginación, las calesitas siguen siendo una parte valiosa de la identidad porteña.