Cuatro icónicas estaciones de trenes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires reciben el reconocimiento oficial como Monumentos Históricos Nacionales. La decisión, respaldada por el Gobierno Nacional y la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos, resalta su valor arquitectónico y su papel fundamental en los albores del sistema ferroviario argentino.
El patrimonio arquitectónico ferroviario de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se enriquece con un paso significativo hacia la preservación histórica. El Gobierno Nacional, en un acto registrado en el Boletín Oficial de este lunes, emitió el decreto 315/2021 que otorga el estatus de Monumento Histórico Nacional a cuatro estaciones ferroviarias emblemáticas: Federico Lacroze, Once, General Belgrano de Retiro y Plaza Constitución. Este reconocimiento subraya la relevancia de estas edificaciones no solo como exponentes de la arquitectura de la época, sino también como piezas fundamentales en el desarrollo temprano del sistema ferroviario argentino.
El respaldo de la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos fue esencial en este proceso de declaratoria. Esta entidad, encargada de la gestión y custodia del patrimonio histórico-cultural del país, enfatizó la contribución de estas estaciones al desarrollo ferroviario que marcó el fin del siglo XIX en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Este reconocimiento, más allá de su valor estético y arquitectónico, refleja la importancia histórica y social de estas estructuras en la expansión del sistema de transporte en una época crucial de la historia argentina.
Cada una de estas estaciones de trenes posee un legado que abarca más de un siglo. La Estación Plaza Constitución, cuyos cimientos se asientan en terrenos pertenecientes a la orden religiosa de los Padres Betlemitas, fue testigo de transformaciones a lo largo de su existencia. Desde su inauguración en 1887, hasta las reconstrucciones y ampliaciones sufridas, ha evolucionado hasta convertirse en un monumental edificio que acoge a más de 156 millones de pasajeros anualmente, erigiéndose como una de las estaciones más transitadas de Argentina.
La Estación de Once, por su parte, fue erigida en 1882 y lleva consigo un nombre cargado de historia. Su denominación, conmemorando la Revolución del 11 de Septiembre de 1852 de la Provincia de Buenos Aires contra el Gobierno federal, evoca eventos cruciales en la formación de la nación. Desde sus primeros viajes entre Plaza Lavalle y San José de Flores, la Estación Once fue un centro neurálgico del transporte ferroviario y una de las cuatro estaciones más preeminentes de la Ciudad de Buenos Aires.
La estación Federico Lacroze, surgida como parada tranviaria en 1888, es un exponente del estilo racionalista conocido como «movimiento moderno», que dejó su huella entre 1925 y 1965 en todo el mundo. Su nombre es un tributo al empresario argentino Federico Lacroze, pionero en la implementación de la primera línea de tranvías en la Ciudad de Buenos Aires. Finalmente, la Estación Retiro-Belgrano, inaugurada en 1912, representa un hito de la arquitectura academicista francesa, también denominada «Beaux Arts», siendo un testimonio de la influencia internacional en la estética de la época.
Estos reconocimientos no solo destacan el valor cultural e histórico de estas estaciones, sino que también conllevan una protección jurídica establecida en la Ley 12.665, cuyo propósito es salvaguardar, preservar y exhibir estos Monumentos Históricos Nacionales. La decisión refuerza la responsabilidad de conservar estos tesoros arquitectónicos para las generaciones venideras y asegurar que su legado perdure en el tiempo.