Tras perderlo todo en un incendio en 2023, la familia Vargas enfrenta un futuro incierto, pero con la esperanza intacta de encontrar un hogar donde reconstruir su vida. Hoy, residen en un Centro de Inclusión Social en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con la mirada puesta en un nuevo comienzo.
En marzo de 2023, la vida de la familia Vargas cambió drásticamente cuando una explosión de garrafa desató un incendio que arrasó con todas sus pertenencias. Paola Echeverría, junto a sus cinco hijos, logró salir de la casa unos minutos antes de que el fuego comenzara a consumirla. La angustia y el desconsuelo marcaron esos primeros momentos, ya que, al estar en la plaza, Paola no sabía aún el alcance del desastre. La imagen de su hogar envuelto en llamas fue devastadora. “¡Nuestra casa se quema!”, le avisó entre lágrimas a su esposo, Ezequiel Vargas, quien rápidamente dejó su trabajo para ir en su ayuda.
La familia vivía en una casa alquilada en Loma Hermosa, un barrio de emergencia en el partido de General San Martín. “Explotó una garrafa y agarró nuestra casita. Perdimos todo, la heladera nueva, las camas, nuestra ropa, los documentos, todos los papeles. Fue un momento horrible”, recuerda Ezequiel con una voz quebrada. Después del siniestro, la situación de la familia empeoró cuando, debido a la imposibilidad de alquilar otro lugar, se vieron obligados a pasar un mes en la calle. En el frío otoño porteño, deambulaban sin rumbo fijo, buscando refugio. Ezequiel, al tener que renunciar a su trabajo para quedarse con su familia, recuerda lo difícil que fue ese periodo. “Deambulamos durante horas antes de decidir ir a Plaza San Martín, en Retiro. Nos dieron la espalda, pero seguimos juntos. Para quedarme con mi familia, tuve que renunciar a mi trabajo”, comenta.
La Navidad de 2023 los encontró nuevamente en la calle, con la esperanza en el horizonte. La situación parecía insostenible, hasta que, gracias a la línea de asistencia 108, la familia pudo acceder a un parador en la Costanera. “Nos dijeron que había un parador en Costanera, pero pasaron cosas que no tenía ganas de vivir y volvimos a la calle”, recuerda Ezequiel. No obstante, un nuevo intento con el 108 permitió que la familia Vargas accediera a un Centro de Inclusión Social (CIS) Loria, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde encontraron refugio temporal y un trato respetuoso por parte del personal. Este centro se convirtió en su hogar por un periodo de tiempo, brindándoles la posibilidad de dormir, comer y acceder a asistencia médica, psicológica y educativa.
Sin embargo, a pesar de la seguridad y las comodidades del CIS Loria, Ezequiel y Paola nunca dejaron de soñar con tener una casa propia. “Aquí tenemos comodidades y las cuatro comidas. Hay refrigeración y calefacción, estamos muy agradecidos por la contención”, afirma Ezequiel, aunque subraya que su mayor deseo es encontrar un hogar estable donde vivir con su familia.
En este sentido, el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a través de su Red de Atención y los Centros de Inclusión Social, brinda apoyo integral a familias en situación de vulnerabilidad. Estos espacios no solo ofrecen alojamiento y alimentación, sino también acceso a atención médica, psicológica y educación para los niños, con el fin de promover la reinserción social. La Red también cuenta con programas de formación y acompañamiento para los adultos, con el objetivo de que puedan mejorar sus condiciones laborales y lograr su autonomía.
A pesar de las adversidades, Ezequiel sigue luchando por el futuro de su familia. “Gracias a Dios estoy trabajando en una empresa de limpieza para la estación de servicio YPF. Estoy muy cómodo y no me va nada mal. Estamos juntando dinero para poder alquilar una casa”, cuenta. Sin embargo, la dificultad de encontrar un alquiler adecuado para una familia numerosa en CABA es un desafío constante. A pesar de sus esfuerzos, el alto costo de los alquileres lo hace casi imposible. “Es muy difícil conseguir un lugar para una familia numerosa. Yo deseo progresar y pienso en eso todo el tiempo. Lo único que deseo es que mis hijos tengan un buen futuro y tengan su propio techo”, asegura Ezequiel, con firmeza.
Además, Ezequiel y Paola destacan el esfuerzo que hicieron para mantener la rutina escolar de sus hijos, a pesar de la compleja situación que atravesaban. “Nunca dejamos que nuestros hijos abandonaran la escuela. Aunque habrán faltado tres, cuatro días, después volvieron a clase”, dice Ezequiel con orgullo. La mayor de las niñas ya terminó la primaria y continuará sus estudios en la escuela secundaria cercana al CIS, mientras que los otros niños siguen su educación con el mismo compromiso. La familia no pierde la esperanza de que este será el camino hacia una estabilidad, a pesar de los obstáculos que se les presentan.
En tanto, la pareja también recuerda con emoción su historia de amor. Conocidos hace nueve años por la hermana de Paola, su relación comenzó por chat, y a pesar de que Paola llegó tarde a su primer encuentro, Ezequiel la esperó confiado en su corazonada. Fue el inicio de una relación que pronto llevó a la pareja a vivir junta, con Paola trayendo a su hija y ambos formando una familia que creció con el paso de los años.
Hoy, la pareja está decidida a seguir adelante y mejorar sus condiciones de vida. “Lo único que deseo es que mis hijos tengan un buen futuro y un hogar digno. Aunque estemos pasando por este momento difícil, siempre pensamos que todo se puede si uno se lo propone”, afirma Ezequiel. La resiliencia y la unidad familiar son los pilares que los sostienen, y, pese a todo, siguen luchando por su hogar propio.