La problemática del adoquinado en el Casco Histórico de Ciudad Autónoma de Buenos Aires genera interrogantes sobre su durabilidad y mantenimiento, a medida que se realizan trabajos de restauración en zonas emblemáticas. Investigamos la evolución de esta técnica centenaria y su aplicación en distintos barrios, evidenciando desafíos y discrepancias en su ejecución.
En medio de debates sobre la idoneidad de los adoquinados para el tránsito vehicular y su pronta degradación, surge la necesidad de cuestionar la afirmación oficial respecto a su viabilidad. Los recientes trabajos de «puesta en valor» en las inmediaciones del Museo de la Ciudad, específicamente en la calle Defensa -una arteria que había sido restaurada en 2008-, motivaron una indagación exhaustiva sobre la situación de los adoquinados en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Exploramos los orígenes del adoquinado en la ciudad, remontándonos a un artículo de la Revista Técnica de 1898, que detallaba las distintas técnicas utilizadas en la época. En aquel entonces, se implementaba un proceso minucioso que involucraba la construcción de una base de concreto y un doble apisonado, antes y después de colocar los adoquines. Estos procedimientos difieren de los trabajos actuales que, en su mayoría, aplican un único apisonado al momento de la colocación.
La distancia entre adoquín y adoquín en las restauraciones recientes en el Casco Histórico llama la atención, contrastando con la disposición observada en otras zonas de la ciudad. En un relevamiento comparativo, se constató que en calles de diferentes barrios, el espacio entre los adoquines y su alineación eran más regulares que en las zonas intervenidas del Casco Histórico. Esta divergencia podría ser un factor clave en la falta de durabilidad de los adoquinados restaurados.
Se pone de manifiesto una tendencia en auge en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: la asfaltación del adoquinado. Barrios como Villa Devoto, Flores, Villa Urquiza y Saavedra evidencian este proceso, en contraposición con la tendencia internacional de restaurar empedrados en el marco de la mitigación de la Crisis Climática. Un ejemplo de esto es París, donde se fomenta la restauración del empedrado como parte de una estrategia ambiental.
Las interrogantes sobre la calidad del trabajo de restauración en el Casco Histórico se profundizan al analizar el caso de la calle Defensa. A pesar de haber sido completamente renovada en 2009 y 2019, los resultados no parecen satisfactorios, ya que los adoquines presentan irregularidades que dificultan la transitabilidad. El análisis revela que la densidad de adoquines por metro cuadrado podría ser un factor determinante en la durabilidad y calidad de las restauraciones.
A medida que se cuestiona la calidad de las restauraciones, también se plantea la depreciación del patrimonio histórico. Las obras de «puesta en valor», como la reciente restauración del adoquinado, pueden contribuir a la devaluación del patrimonio en lugar de realzarlo. La falta de interés en revertir estos procedimientos y la ausencia de un enfoque serio en la restauración adecuada pueden llevar a la desidia y la pérdida de identidad histórica.
Se destaca la existencia de la Escuela Taller de oficios en el Casco Histórico, una iniciativa valiosa que ha sido subestimada en ocasiones. Se cuestiona por qué no se aprovecha esta institución para capacitar a estudiantes en la recuperación del empedrado. Así como se enseñan técnicas tradicionales, también podría ofrecerse formación en el mantenimiento eficiente de los adoquinados, aprovechando los recursos disponibles para preservar el patrimonio histórico y cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.