Cada 2 de mayo se conmemora el Día Internacional contra el Bullying para crear conciencia y enfrentar la preocupación que afecta a miles de estudiantes en todo el mundo. El bullying es una forma de acoso que ocurre en el ambiente educativo y se caracteriza por el hostigamiento físico o psicológico sostenido en el tiempo de un estudiante hacia otro u otros. La conducta puede implicar agredir, humillar, insultar, ignorar o golpear a un estudiante de manera persistente, siempre dirigido hacia una misma persona, estableciéndose una relación de poder de una persona sobre la otra.
En este sentido, cada escuela de la Ciudad cuenta con diferentes espacios donde se trabaja la convivencia. Uno de ellos es el Consejo de Aula, que es un espacio de discusión donde estudiantes y docentes de un curso trabajan sobre temas de convivencia grupal. Se construyen acuerdos y pautas sobre cómo comportarse, evitando mencionar casos particulares de ningún compañero para evitar mayores conflictos. El objetivo es conversar sobre cómo les gusta que los traten, qué cosas no les gustan y aprender a llevarse mejor. Los conflictos individuales son abordados en un espacio diferente, reservado y privado.
Además, existe el Consejo Escolar de Convivencia (CEC), donde participan directivos, docentes, estudiantes, familias y no docentes. Es un órgano consultivo que asesora a la conducción en temas de convivencia escolar, se reúne en fechas establecidas por agenda educativa y también puede convocarse frente a un evento imprevisto. Estos espacios también sirven para proponer ideas, jornadas y actividades.
Por su parte, el Acuerdo Escolar de Convivencia (AEC) es un documento que debe reflejar lo que piensa la comunidad educativa, incluyendo la voz de directivos, docentes, estudiantes, no docentes y familias. En él, se trabajan temas importantes de la vida escolar, como el uso de tiempos, espacios y elementos. Estos acuerdos se piensan entre todos y deben establecer las pautas de convivencia que son importantes respetar para mejorar la convivencia escolar. Es importante que se puedan revisar y modificar en caso de ser necesario.
En la misma línea, es importante que las familias trabajen en conjunto para prevenir y anticipar situaciones de conflictos de convivencia. Para ello, es necesario revisar nuestras formas de vincularnos como adultos, entendiendo que somos modelos posibles para los niños y adolescentes. También es importante practicar una escucha activa y atenta para detectar situaciones antes de que impliquen un conflicto mayor y más sufrimiento. Tomarse un tiempo para escuchar cómo les fue a los niños en la escuela, cómo se sienten y qué les preocupa permite conocer las situaciones que están atravesando.
A su vez, es importante reconocer las influencias que pueden recibir los niños, niñas y adolescentes más allá del ámbito escolar. La familia puede prestar atención a las situaciones que viven los menores fuera de la escuela y hablar sobre ellas, ayudando a comprender y gestionar las emociones que puedan surgir. También es importante tener en cuenta el papel de los medios de comunicación y las redes sociales en la formación de la opinión y la visión del mundo de los menores.
Por todo esto, es fundamental que los padres y cuidadores estén al tanto de los contenidos que consumen los niños y adolescentes, y fomenten un consumo crítico y responsable. De esta manera, se puede contribuir a que los menores desarrollen una visión más amplia y equilibrada del mundo que les rodea, fortaleciendo su capacidad para tomar decisiones informadas y saludables.