CIUDAD CULTURA

El Museo Sívori inauguró dos exposiciones que cruzaron tradición y contemporaneidad en torno al arte textil y su patrimonio

El Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori abrió sus puertas a una nueva propuesta expositiva que puso en diálogo la tradición artística con miradas contemporáneas. Desde el sábado 21 de marzo al mediodía, el espacio emplazado en el corazón del Parque Tres de Febrero presentó simultáneamente la 29ª edición del Salón de Arte Textil y la muestra “Un affaire de colecciones. Patricio Gil Flood + grabados y dibujos de la colección del Museo Sívori”, en una apuesta que reafirmó su rol como institución activa en la reinterpretación del patrimonio cultural.

La inauguración marcó un nuevo capítulo en la programación del museo, que combinó una de sus convocatorias históricas —el Salón de Arte Textil— con una propuesta curatorial que invitó a repensar las obras de su acervo. Ambas exhibiciones dialogaron entre sí desde lenguajes distintos, pero con un eje común: la exploración de nuevas formas de lectura del arte, en sintonía con los desafíos del presente.

En ese marco, el Salón de Arte Textil, que se realiza cada dos años, volvió a consolidarse como un espacio de referencia para artistas dedicados a esta disciplina. La edición número 29 reunió piezas de creadores argentinos y residentes extranjeros que participaron en dos categorías: Técnica Clásica y Técnica Artesanal. Mientras la primera destacó obras elaboradas con procedimientos tradicionales del arte textil, la segunda dio lugar a producciones experimentales que ampliaron los límites del campo, incorporando materiales no convencionales y propuestas que desbordaron la bidimensionalidad.

Las obras premiadas reflejaron esa diversidad. En la categoría clásica, el primer premio fue para Gabriela Nirino por “Diana con randa”, una pieza realizada en telar Jacquard electrónico, mientras que el segundo reconocimiento recayó en Mariana Brea por “Cráneo de selva”, confeccionada con papel misionero cortado y entretejido manualmente. En la categoría artesanal, el jurado distinguió en primer lugar a Rosa Arena con “Radiografías de los cuerpos, en el final de un largo día en un mundo en caos”, una obra de técnica personal que combinó elementos cotidianos como medias de nylon, perchas y pintura. El segundo premio fue para María Jimena Cabello por “No es un camping III”, una propuesta que integró costura, sublimación y serigrafía.

Además de los premios adquisición —que pasaron a formar parte del patrimonio de la Ciudad—, la muestra incluyó menciones a otras obras destacadas, ampliando el panorama de la producción textil contemporánea y evidenciando la vitalidad de un lenguaje en permanente transformación.

En paralelo, “Un affaire de colecciones” ofreció una experiencia distinta, centrada en la relectura del acervo del museo a partir de la intervención del artista Patricio Gil Flood. Lejos de una exposición tradicional, la propuesta se presentó como un ensayo visual que articuló nuevas instalaciones con una selección de dibujos y grabados pertenecientes a la colección del Sívori.

La muestra propuso un recorrido basado en relaciones sensibles, donde las obras no se ordenaron de manera cronológica ni temática, sino a partir de resonancias, afinidades y tensiones. En ese entramado, el dibujo funcionó como punto de encuentro y eje conceptual, entendido no solo como técnica sino como campo de pensamiento.

Las piezas contemporáneas de Gil Flood dialogaron con trabajos de artistas como Eduardo Iglesias Brickles, Sergio Camporeale, Aída Carballo, César Fioravanti, León Ferrari y Eduardo Stupía, entre otros. Este cruce permitió activar nuevas lecturas sobre obras ya existentes, resaltando tanto su identidad individual como su potencial para generar significados en conjunto.

La propuesta invitó al público a sumergirse en una experiencia que trascendió la contemplación pasiva, apelando a la memoria, la historia y las conexiones invisibles que atraviesan la vida cotidiana. De este modo, la colección del museo dejó de ser un archivo estático para convertirse en un territorio dinámico, abierto a interpretaciones contemporáneas.

Ambas exposiciones consolidaron al Museo Sívori como un espacio que no solo preserva el patrimonio, sino que también lo reactualiza a través de nuevas miradas. En un mismo recorrido, los visitantes pudieron transitar desde la materialidad del arte textil —con sus técnicas ancestrales y sus innovaciones— hasta una reflexión conceptual sobre el lugar de las colecciones en el presente.

Ubicado frente al puente del Rosedal, el museo continuó así fortaleciendo su propuesta cultural con iniciativas que promovieron el encuentro entre artistas, obras y públicos diversos. Con horarios ampliados y una política de acceso que incluyó jornadas gratuitas, la institución reafirmó su vocación de acercar el arte a la comunidad, en un contexto donde la cultura se posiciona como herramienta clave para la construcción de sentido y la reflexión colectiva.

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