Una demostración experimental en la feria de ciencias del colegio Guadalupe terminó en tragedia cuando una explosión dejó cinco heridos, entre ellos cuatro menores de edad. Un adolescente de 16 años permanece internado en terapia intensiva con graves quemaduras, mientras las autoridades educativas porteñas confirmaron que se revisarán los protocolos de seguridad en prácticas científicas escolares.
El accidente ocurrió durante la mañana del martes en el colegio Guadalupe, ubicado en la calle Paraguay al 3900, en pleno barrio de Palermo. En el marco de la feria de ciencias, un grupo de alumnos realizaba un experimento con alcohol etílico para recrear el denominado “volcán artificial”. Según los primeros informes, una falla en la manipulación del material inflamable provocó una explosión que alcanzó a varios estudiantes y docentes presentes en el aula.
Tres adolescentes de 16, 14 y 13 años sufrieron quemaduras en el rostro y el torso, mientras que una madre de 38 años resultó con lesiones menores. Otro alumno de 18 y un niño de 13 también padecieron heridas leves. Los servicios de emergencia del SAME acudieron rápidamente al lugar y coordinaron los traslados a distintos hospitales del territorio porteño.
El caso más grave es el del joven de 16 años, quien sufrió quemaduras en el 35 % de su cuerpo, incluyendo abdomen, cuello, rostro y tronco. Fue derivado al Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, donde permanece intubado en la Unidad de Terapia Intensiva Pediátrica, con estado reservado. Otros dos estudiantes fueron atendidos en el Hospital Fernández y luego derivados al Hospital de Quemados para recibir atención especializada, mientras que uno de los heridos leves fue trasladado a una clínica privada.
El impacto de la explosión conmocionó a toda la comunidad educativa. En la puerta del colegio, un alumno de tercer año relató con angustia lo ocurrido: “La mesa explotó y el chico se prendió fuego de pies a cabeza. Estamos todos muy conmocionados, estaba al lado mío y fue tremendo”. Según su testimonio, “un profesor se fue corriendo a buscar un guardapolvo porque el alcohol no se apaga con agua. Le tiraron guardapolvos encima y otro profesor se le tiró encima para apagarlo, un capo”.
Sin embargo, el mismo estudiante cuestionó la actitud de uno de los docentes: “Nuestro profesor se escondió, es un pelotudo”, declaró con indignación ante las cámaras. Además, advirtió sobre la ausencia de medidas de seguridad en el aula: “No vi el experimento pero sé que estaban manipulando alcohol y fuego. Había profesores dando vueltas, pero no había ninguna precaución”.
Los testimonios de los padres reforzaron la preocupación por la falta de control. Mariana Laura Cornejo, médica y madre de una alumna, expresó su sorpresa ante los medios: “Se hizo el experimento del volcán, que terminó explotando. Parece increíble, pero nuevamente la misma historia: el tema del volcán con mala instrumentación. Tampoco sabíamos que se iba a hacer este experimento, sino hubiéramos sugerido que lo cancelaran”. La mujer recordó un episodio similar ocurrido recientemente en la ciudad de Pergamino, donde un error en la manipulación de alcohol durante un experimento escolar provocó otro accidente.
Por su parte, Mariano, padre de un alumno de cuarto año, describió la gravedad del hecho: “Estaban trabajando con alcohol, se le prendió fuego la remera y después le tomó el cuerpo y la cara”. Como otros familiares, aseguró que las familias no fueron informadas previamente sobre la realización del ensayo.
El episodio encendió un fuerte debate sobre las condiciones de seguridad en los laboratorios escolares y la comunicación entre autoridades, docentes y padres respecto a los riesgos de determinadas prácticas. En este sentido, el Ministerio de Educación de CABA anunció que se implementará un nuevo protocolo para regular las experiencias científicas durante las ferias y clases, con el objetivo de reducir los riesgos de accidentes.
Según el comunicado oficial, “un error en la manipulación de uno de los recipientes generó una pequeña explosión que provocó las heridas”. La institución educativa y los organismos de salud actuaron de inmediato: el SAME asistió a los heridos y coordinó su atención en los hospitales correspondientes.
El incidente dejó a la comunidad del colegio Guadalupe en estado de conmoción. Docentes, estudiantes y padres coincidieron en que el impacto emocional fue profundo. “Los chicos estaban asustados y llorando”, describió Cornejo, al tiempo que varios padres se acercaron al establecimiento para retirar a sus hijos y acompañar a las familias afectadas.